-¡Vamos mamá!-grita mi pequeño tesoro desde el jardín.
Veo como tira de la mano de su
padre hacia la salida de la casa.
-Sofía espera a mamá.-dice Carlos haciendo que se pare.
Salgo cerrando la puerta de nuestra casa en las afueras. Cuando Sofía
nació creímos que sería la mejor opción ya que tendríamos más espacio.
-¡Mamá que los abuelos nos esperan!-dice de nuevo llegando hasta mi y
esta vez tirando de mi mano.
A los pocos meses de mi terrible accidente, mi padre salió del coma devolviéndome
las ganas de vivir. La vida da segundas oportunidades y yo la mía iba a aprovecharla.
Me case con Carlos al año siguiente de que me lo pidiera. Y unos meses después tuvimos
la noticia de que mi pequeña Sofía venia en camino. Fue una de mis mayores alegrías.
Carlos por supuesto me tuvo como una reina durante todo el embarazo. Cero
esfuerzos y cero estrés. Aunque me estresaba con tanto cuidado y tanta
precaución. Pero tras tanto esfuerzo por permanecer casi 20 horas al día en la
cama, tuvimos una preciosa niña de ojos verdosos con toques amarillentos tan
especiales como los de su padre.
-Sí, vamos.-sonrío.
Veo como corre hacia la puerta mientras su padre la sostiene esperando
a que pase.
(…)
-¡Abuelo!-dice Sofía tirándose a los brazos de mi padre cuando este
abre la puerta.
-¡Angelito!-ríe estrechándola entre sus brazos.
Después de un tierno abrazo la deja en el suelo y veo como esta corre
al interior de la casa en busca de mi madre.
-Hola papá.-me acerco a él y lo abrazo.
-Hola cariño, ¿Cómo estás?-dice abrazándome con cuidado.
-Bien aunque un poco cansada, creo que este será futbolista de mayor.-digo
acariciándome la barriga.
Estoy de 6 meses de un precioso niño al que llamaremos Javier. Obviamente Javier al saber la noticia se puso
demasiado contento, pero ciertamente le debo la vida a ese hombre y quiero que
mi hijo me lo recuerde el resto de mi vida.
-Bueno, por suerte solo quedan unos meses para que podemos tener a otro
pequeñajo más correteando por el jardín.-sonríe apartándose de la puerta para
que pueda pasar.
Me adentro en la casa dejando a Carlos y a mi padre hablando. Aun
recuerdo el día que se conocieron y acabó Carlos con la cara amoratada.
-Abuela ¿puedo coger un helado?-susurra la niña con intención de que no
pueda oírla.
-De eso nada jovencita.-digo entrando a la cocina y viendo su cara de
asombro por haber sido pillada infraganti.
-Pero mamá, solo uno pequeñito.-dice con cara de pena mientras balancea
sus pequeñas piernas desde lo alto de un taburete.
-Después de comer puedes comer todo el helado de quieras.
Mi pequeña no parece estar convencida del todo pero no hace ningún comentario
más.
-Hola mamá.-susurro abrazándola.
-Hola mi vida ¿Dónde está Carlos?-dice separándose después de
abrazarme.
-Aquí estoy.-ríe entrando a la cocina.
Cuando Sofía se da cuenta de que su padre a entrado por la puerta se
baja rápidamente del taburete dando un pequeño salto y corre hacia él haciendo
que Carlos la coja en brazos.
-Papá, quiero helado.-susurra haciendo un puchero.
Carlos me mira sabiendo que ha pasado, a sus apenas 5 años esta niña es
demasiado lista. Cuando yo le digo a algo que no, corre hacia su padre y haciéndole
un puchero a Carlos se le derrite el corazón y no puede negarse.
-¿Qué te ha dicho mamá?-dice Carlos simulando enfado, aunque no puede
ocultar una pequeña sonrisa.
-Que hasta después de comer no puedo.-contesta revolviéndose en sus
brazos haciendo que este la suelte en el suelo. Se ha dado cuenta de que ese
truco no siempre funciona.
-Pues después de comer te daré el helado.
La niña se enfurruña y se va con su abuelo al salón, donde finalmente terminamos
todos mientras la comida termina de hacerse.
-Abuelo, déjame ver la maqueta del barco.-dice sonriente Sofía
-De hecho tengo una nueva que quiero que veas.-contesta levantándose de
su sillón.-Ven, la tengo en la habitación.
Mi pequeño terremoto se levanta rápido, dando pequeños saltitos. Como
son los niños, hace un momento enfadada y ahora feliz como una perdiz. Pero es
como su padre, bipolar de nacimiento.
-No tardéis
mucho.-dice mi madre levantándose del sofá.
-Nosotros
ponemos la mesa mientras acabas con todo mamá.-digo mientras tiro del brazo de
Carlos.
Carlos se
levanta y me acompaña hasta el comedor y comenzamos a colocar los cubiertos y
los platos sobre la mesa.
-Estás muy
sexy hoy.-susurra abrazándome por la espalda.
-Uy si,
tengo que estar súper sexy con esta barriga.-rio girándome.
-Tengo unas
ganas de que ese pequeño salga…-dice con irritación.-Tengo envidia de que él
pueda estar dentro de ti, cuando yo llevo meses si poder estarlo.-susurra cerca
de mis labios.
-Carlos
tengo las hormonas revolucionadas y yo más que nadie querría eso, ya sabes que
él doctor dijo que no había problemas en mantener relaciones sexuales pero eres
tu el que se niega.
Besa con
fuerza y me agarro a la mesa para no perder el equilibrio. Cuando me suelta
tengo la respiración agitada.
-Esta
noche.-dice separándose de mi.
Oigo una
risas acercándose y me esfuerzo por recuperar la compostura cuando mi padre
entra con su nieta subida a caballito.
-Mamá ¿puedo
dormir en casa de los abuelos esta noche?-dice cuando llega al suelo.
Miro a
Carlos que sonríe de oreja a oreja y se que esta noche será intensa.
-Claro que
si cielo.-sonrío.
-¡Bien!-dice
-¡Aquí llega
la comida!-entra mi madre con una gran bandeja y la deja sobre la mesa.
(…)
-Hasta
mañana.-grita Sofía de nuevo moviendo su pequeña mano mientras salimos de la
casa.
-Adiós
princesa.-dice Carlos.
Subimos al
coche y vamos en un silencio algo incomodo todo el camino. Llegamos a casa y
Carlos abre la puerta para que pueda pasar, cuando escucho el ruido de la
puerta cerrarse me giro y lo veo mirándome.
-¿Qué pasa?-digo
intentando no sonreír.
-No creo que
pueda esperar hasta la noche.-susurra acercándose.
-Hasta después
de cenar, nada.
-Te repito
que no creo que pueda esperar tanto.-acercándose más y dejando ver una sonrisa
casi imperceptible en sus labios.
-Te repito
que hasta después de cenar, nada.-digo seria.
Se para en
seco a un metro de mi y hace un puchero. Me recuerda a Sofía, a su inocencia y
mi corazón se hincha de amor y alegría. ¿Podré negarle algo a este hombre algún
día? No. No podré nunca. Y no estoy disgustada por ello.
-¿Por qué sonríes?-dice
enarcando una ceja.
-Porque soy
feliz, porque te quiero y porque yo tampoco podría esperar ni un segundo más.
No esperaba
esa respuesta porque veo como eleva sus dos cejas por la sorpresa. A los pocos
segundos sus facciones se relajan y sonríe. Una de esas sonrisas que solo salen
cuando me mira a mí.
-Yo también
te quiero, amor.
Si. Soy
feliz. He sufrido, he llorado, he reído y he disfrutado y ahora puedo decir que
soy feliz. Tengo unos padres que tras mucho esfuerzo me han sacado adelante y
que me quieren.
Tengo un
marido maravilloso, una pequeña terremoto que puso mi mundo patas arriba
incluso antes de nacer y en unos pocos meses tendré una pequeña razón más para seguir
viviendo. Soy absolutamente feliz y todo se lo debo a él. Carlos Pérez Marco.